“No sabemos que nos pasa cuando miramos, pero quedamos raptados por los colores”, es la conclusión que saca sobre la televisión el cronista en “Golpeando las puertas de la TV”, de Julián Gorodischer.
En verdad, ni él ni ninguno de los personajes que aparecen en el libro sabe con seguridad lo que les atrae de la “caja boba”, pero nos les importa, sólo se dejaron atrapar por ella.
Julián –Giuliano en el texto- narra las horas de espera de un matrimonio en la puerta de los canales para conseguir autógrafos, sigue las actividades del club de fans de Bandana, de un aspirante a ganar un reality show, de quienes estudian teatro y sueñan con un protagónico y de los que intentaron copiar el estadounidense “Jackasss”.
En cada pequeña historia, el cronista trata de sentirse uno más y, aunque por momentos lo logra, no puede desligarse de sus críticas, de su incomprensión hacia los fanáticos de la televisión, a quienes nombra como sus “víctimas”.
“¿Por qué estás acá todo el día atento a salir corriendo por el autógrafo?”, pregunta Giuliano a Romi y Adrián, la pareja que tiene como hobby juntar la mayor cantidad de firmas en su libreta. Pero la pregunta no se contesta y el cronista sigue sin entender. Aún así, relata uno de los días en la puerta para generar la propia risa y la del lector.
Es la misma risa que le dedica a todos los demás, como a Silvia “la gorda” Burgos, la presidenta del club de fans de Bandana. “Así agradecen… así está la Argentina”, se burla Giuliano cuando Silvia es echada de un teatro.
A través de los diálogos y las descripciones de los personajes y de los hechos, “Golpeando…” ingresa en un mundo desconocido, en el que aparecer en la televisión es un sueño, como así también conocer a las estrellas. Un mundo que, ni Giuliano ni la mayoría de los lectores puede comprender.
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