jueves, 31 de marzo de 2011

Opiniones: tránsito en Buenos Aires

Transitar por la Ciudad de Buenos Aires en los últimos tiempos resulta una hazaña traumática. María Ramos, militante del Partido Obrero de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA; Horacio Ortiz, taxista de la ciudad y Luis Ernesto, colectivero de la línea 5, concuerdan en que las medidas que hasta ahora se implementaron no lograron solucionar el problema del tránsito.

“Estaría bueno que la gente camine más, que no este tan estresada y que la vida sea tomada con más tranquilidad”, reflexiona María. El colectivero ejemplifica: “Hace 15 años atrás la ciudad no era así, mi recorrido duraba 2 horas, hoy me lo extendieron a 3 y aún así no llego a horario”.

Desde 1993 los carriles exclusivos para taxis y colectivos funcionan solo en 4 avenidas céntricas. El Gobierno porteño intenta limitar la circulación de taxis desocupados por estas vías.

“Es una buena iniciativa ya que puede agilizar más el tránsito. El principal perjuicio -opina Horacio, que todos los días circula por la ciudad- es que, en las avenidas con carriles exclusivos, los taxis tendrán que levantar los pasajeros por la izquierda”. Luis sostiene el proyecto oficial, mientras que la militante denuncia que “las políticas de tránsito de Mauricio Macri no solucionan el problema estructural”.

Al millón y medio de vehículos que entran diariamente a la ciudad se le suma un nuevo problema: los cortes de calle. “La libertad que tienen los manifestantes para protestar termina donde empieza la mía para circular”, considera el taxista. La entrevistada se excusa: “Los problemas de tránsito de la ciudad son generados por causas de fondo como las de infraestructura. Yo no me siento responsable por el caos porteño”. El colectivero se queja de que los manifestantes perjudican mucho su trabajo y recuerda: “El día de la marcha docente hice cinco cuadras en 45 minutos. La empresa no contempla las horas extras que trabajamos por culpa de los cortes”.

Las propuestas de solución varían de acuerdo al entrevistado. Luis sentencia: “No existe una solución porque el argentino no está acostumbrado a respetar las leyes de tránsito”. Horacio, que tiene una visión más optimista, propone “prolongar las líneas de subte, soterrar los trenes y que los autos particulares no ingresen en el área del micro y macro centro en determinadas horas”. María piensa en medidas más abarcativas. “Falta mucho en educación vial”, lamenta la militante. Y agrega: “Se debe incentivar formas de transporte menos contaminantes como las bicicletas, la caminata y sanear los medios de transporte público. Pero, falta mucha voluntad política para diseñarlas”.

Entrevista: Tamara Di Tella

Al completar doce años de estudio en Ciencia Política en Inglaterra y Estados Unidos, Tamara Chichilnisky, más conocida por su apellido de casada –Di Tella-, decidió convertirse en empresaria y fue la primera que instauró el Spa y el Método Pilates en Argentina. Actualmente, se dedica a difundir su nuevo producto, el Método Tamara Di Tella -o Tangolates-, por Europa, Asia y Norteamérica.
¿Cómo te diste cuenta de que no te interesaba la política?Pasó cuando me casé con Torcuato di Tella y me di cuenta de que no había posibilidad de ser nadie bajo su sombra y pensé que me convenía hacer otra cosa. Eso fue en la época en que nacieron los chicos –Carolina y Sebastián-. Cuando fueron más grandes decidí volver a trabajar, pero no quería volver al mundo académico y ahí fue que me volqué a la empresa.
¿Cómo surgió la idea de instalar el Spa, un producto desconocido en Argentina?Estaba buscando qué hacer empresarialmente y tenía una cosa en mente: no quería hacer lo que hacen todos. No quería ser una más, quería hacer algo diferente. Empecé a pensar, lo que me llevó mucho tiempo, y me di cuenta de que lo que no había en Argentina era el Spa. Es decir, el concepto de internación diurna no existía.
¿Por qué fue tan exitoso?Primero fue muy criticado, es así siempre, y después empezaron a copiarlo. Cuando salió por todos lados, o sea, cuando empezó a vulgarizarse, que es lo pasa cuando se copian, decidí irme. Diez años más tarde, encontré otra cosa que tampoco existía en el país, que es el Pilates. Con este método pasó lo mismo, lo puse de moda, porque eventualmente yo los pongo de moda.
¿Ahí fue cuando surgió el Tangolates?Claro, ahí cambié otra vez y finalmente aprendí: hice un método y un aparato nuevo que lleva mi nombre y además está registrado como mío propio. Eso es lo que más creció y llegó a Estados Unidos, Europa y Asia.
Teniendo en cuenta la novedad de los productos, ¿alguna vez pensaste que no iban a ser bien recibidos por la sociedad?No. Cuando hago una cosa estoy absolutamente convencida. Es una cosa como que me golpea y me da una cachetada en la cara.
¿Cómo se fueron esparciendo los productos, hasta llegar a hacerse masivos?Con Spa porque no había internet, por eso se extendió sólo en el país. Con Pilates, hice mi sitio web que vio el mundo y ahí es que yo me extendí por toda Latinoamérica (Argentina, Perú, Guatemala, Paraguay, Colombia, México). El Tangolates también se consolidó en internet. Yo soy un milagro de internet; en realidad Tamara Di Tella no existe, soy un producto de Google.
En una entrevista dijiste que en lo que se refiere al trabajo sos parecida a los hombres, ¿en qué sentido esto es así?Yo no soy una mujer típica. Si se le pregunta a una empresaria si está primero el trabajo o la familia, elige la familia. Para mí, entre el trabajo y la familia, por supuesto, primero viene el trabajo.
Teniendo en cuenta el tema de tu libro El cliente nunca tiene razón, ¿cómo se puede triunfar sin pensar en el consumidor?Si todos pensaran en el consumidor, nadie hubiera hecho nada. Hay que hacer lo que sentimos, creemos y sabemos y, luego, el cliente nos sigue. El rol del empresario es saber dónde está el mercado, cuáles son las posibilidades de nuevos productos, líneas, tecnologías, novedades, innovaciones constantes. El que no innova no es un empresario, es un empleado.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?Quiero llegar a Asia con Tangolates, crecer por el mundo. Quiero continuar y simplificar todos los errores que hice al principio de un crecimiento rápido, que es lo peor que le puede pasar a un empresario, porque no se puede crecer más rápido de lo que te dé tu infraestructura.

Crítica Literaria: Retratos

Por sus páginas desfilan los más reconocidos artistas: Marlon Brando, Elizabeth Taylor, Marilyn Monroe y Tennessee Williams, entre otros. El periodista y escritor estadounidense Truman Capote dibuja en “Retratos” una pincelada de cada uno de los personajes para mostrar al lector un aspecto diferente, el del humano.

Capote narra pequeñas historias en donde él mismo aparece y también toma protagonismo, aunque, a veces, demasiado. En todos los casos se aparece el punto de vista del autor, que se exterioriza en las descripciones y opiniones sobre las obras y sus creadores y comparaciones con otras personalidades de la misma rama artística.

Los textos –algunos inéditos y otros de la obra “Observations”- están colmados de anécdotas, todas contadas en primera persona y en las cuales Capote participa como un interlocutor y no como un simple observador. Tales son los casos de Brando y Monroe, el primero una entrevista y el segundo un encuentro y conversación casual con la actriz.

Así, Capote muestra una Marilyn sin maquillaje y con el cabello sin teñir, a Taylor internada en un hospital y bebiendo champán en vasos de plástico; la enemistad entre Jean Cocteau y André Gide y las payasadas de Charles Chaplin al sacarse una foto para el pasaporte.

Tal como lo indica su nombre, Capote intenta retratar, representar al personaje, lo que logra al utilizar una gran cantidad de adjetivos que hace que el lector pueda –rápidamente- imaginárselo.

A pesar de la capacidad del autor para narrar y describir, con frases claras y de fácil lectura, es necesario tener un conocimiento previo sobre los retratados para poder comprender y disfrutar de los textos.

Crítica Literaria: Golpeando las puertas de la TV

“No sabemos que nos pasa cuando miramos, pero quedamos raptados por los colores”, es la conclusión que saca sobre la televisión el cronista en “Golpeando las puertas de la TV”, de Julián Gorodischer.

En verdad, ni él ni ninguno de los personajes que aparecen en el libro sabe con seguridad lo que les atrae de la “caja boba”, pero nos les importa, sólo se dejaron atrapar por ella.

Julián –Giuliano en el texto- narra las horas de espera de un matrimonio en la puerta de los canales para conseguir autógrafos, sigue las actividades del club de fans de Bandana, de un aspirante a ganar un reality show, de quienes estudian teatro y sueñan con un protagónico y de los que intentaron copiar el estadounidense “Jackasss”.

En cada pequeña historia, el cronista trata de sentirse uno más y, aunque por momentos lo logra, no puede desligarse de sus críticas, de su incomprensión hacia los fanáticos de la televisión, a quienes nombra como sus “víctimas”.

“¿Por qué estás acá todo el día atento a salir corriendo por el autógrafo?”, pregunta Giuliano a Romi y Adrián, la pareja que tiene como hobby juntar la mayor cantidad de firmas en su libreta. Pero la pregunta no se contesta y el cronista sigue sin entender. Aún así, relata uno de los días en la puerta para generar la propia risa y la del lector.

Es la misma risa que le dedica a todos los demás, como a Silvia “la gorda” Burgos, la presidenta del club de fans de Bandana. “Así agradecen… así está la Argentina”, se burla Giuliano cuando Silvia es echada de un teatro.

A través de los diálogos y las descripciones de los personajes y de los hechos, “Golpeando…” ingresa en un mundo desconocido, en el que aparecer en la televisión es un sueño, como así también conocer a las estrellas. Un mundo que, ni Giuliano ni la mayoría de los lectores puede comprender.