lunes, 13 de mayo de 2013

Al ritmo del Tambor

Es una de las músicas que define a Uruguay y, especialmente a su capital, Montevideo. Sin embargo, su origen no es latinoamericano, sino africano.

Es el Candombe, traído por los esclavos que vinieron desde 1750 hasta 1810. Provenían de más de 20 distintas naciones de África y tenían su propia cultura, idioma y costumbres, de las que fueron despojados al llegar. Sin embargo, encontraron la forma de mantener viva su tradición. Una de estas formas fue el Candombe.

La palabra Candombe es un término de la lengua Bantú, que se habla en Congo, Angola y en distintas zonas de África del sur y significa “reunión de negros”.

Las danzas se efectuaban cuando sus amos o las autoridades les daban permiso. Primero se juntaron en Salas de Nación, en donde se separaban según su nacionalidad y realizaban competencias. Además, alrededor del año 1800, podían bailar en la Plaza del Mercado, en la costa sur de la muralla que rodeaba la ciudad, solamente en época de fiesta, entre el 25 de diciembre y el 6 de enero.

Debido a que no podían practicar su religión, disfrazan sus homenajes. El 6 de enero, le rendían homenaje al rey mago Baltasar, aunque en realidad estaban realizando una tradición propia.

Actualmente, una de las facetas del Carnaval de Uruguay –la fiesta más importante del país- son las denominadas “llamadas”. Estas tienen su origen cuando los esclavos, en las fiestas o para actividades sociales, tocaban el tambor para convocar a otros esclavos.

Las “llamadas” actuales se realizan en dos días consecutivos y desfilan las comparsas por las calles de Montevideo, especialmente por los barrios Sur y Palermo, que son los que reunieron a los africanos y sus descendientes una vez abolida la esclavitud, en 1846. En dichos barrios nacieron dos ritmos candomberos, uno es “ansina”, nacido en el vecindario Reus –más conocido como Barrio Ansina- en Palermo, y el otro es el “cuareim”, del conventillo Mediomundo, ubicado en la calle Cuareim.

El candombe está compuesto por tres tambores y juntos forman la “cuerda”. El más grande es el denominado piano y tiene el sonido más grave. Su diámetro es de 40cm. El repique es el intermedio. Su diámetro es de 30cm. Por último, el más pequeño es el chico. Es el más alto de afinación y su diámetro es de 22cm. Cada uno cumple una determinada función.

Para participar del “Desfile de llamadas”, hay que pasar por una serie de instancias, tener ciertos requisitos y, cuando finaliza, hay jueces que dan puntaje a distintos aspectos de cada comparsa y se elige a la mejor. Además, hay varias reglas que se tienen que cumplir para no ser descalificado.

Cada comparsa está compuesta por personajes típicos, que perduraron a través del tiempo. El gramillero o yuyero, que representa al médico o curandero africano. Lleva una valija llena de yuyos y yerbas medicinales. La mamá vieja representa la dignidad de las mujeres negras. Lleva un pañuelo blanco, un abanico, un paraguas, un canasto con flores y una pollera grande. El escobero o escobillero representa al ministro de las naciones africanas. Antes usaba una lanza guerrera, ahora usa una escoba. Tiene taparrabos africanos, lentejuelas y cascabeles. Con la escoba hace malabares.

El lancero lleva una lanza africana y escudo de cuero. Usa taparrabos con líneas blancas pintadas en los brazos y en la cara. Representa a los lanceros de Artigas comandados por Ledesma y Lencina quienes acompañaron a Artigas a su exilio a Paraguay, conocidos como los Artigas Cue o Kambacua. Las lanceras representan a las lanceras de Artigas, especialmente a la legendaria Soledad Cruz, afro-uruguaya que ejecutaba la danza del candombe y la bambula.

El tamborilero usa bombacha gaucha de colores, principalmente verde, roja o amarilla, camiseta, capa, alpargatas y un sombrero de paja. En la comparsa hay desde 30 hasta 70 y cada uno lleva uno de los tres tambores sostenido por una correa. La vedette es un personaje nuevo, que se introdujo desde Cuba y Francia. Se destaca por su sensualidad.

El cuerpo de baile está formado por bailarines y bailarinas. Luego, están el porta estandarte, el porta bandera, el porta sol, el porta media luna y el porta estrella.

Esta música es una de las más importantes y representativas del país y también da origen a otras, como el Tango o la Milonga.

jueves, 14 de abril de 2011

Entrevista: Rock barrial

Paseando por Buenos Aires se pueden ver grafitis que “decoran” las paredes de las casas y las persianas metálicas de los negocios y garages. Enuncian frases sin un sentido aparente, pero en un costado aparece la sigla RNR (Rock and Roll) y, de repente, se entiende: son nombres de las bandas under o de barrio.
Las Pastillas del Abuelo, se leía en las pintadas en Caballito desde el 2002 y, a medida que pasaba el tiempo, el nombre era cada vez más familiar. Este grupo está formado por Juan Fernandez, Diego Bozalla, Fernando Vecchio, Alejandro Mondelo, Santiago Bigisich, Juan Comas y Joel Barbeito, quienes explicaron que la banda nació “por el placer de tocar y estar con amigos”.
En tan sólo cinco años lograron subir rápidamente la escalera hacia la popularidad: de tocar para familiares y amigos, pasaron a La Trastienda, el Pepsi Rock 2005, Gesell Rock 2006, numerosas veces en El Teatro, en la provincia de Buenos Aires y el último 11 de abril pudieron tocar, en un show impresionante, en el Luna Park. “Nos dimos cuenta de nuestro crecimiento cuando presentamos nuestro primer disco en el 2005”, cuentan.
A pesar de esta sostenida evolución, los chicos de las Pastillas no se preocupan por el futuro: “Somos de la idea de dejar que las cosas sucedan, que todo fluya. Nos preocupamos por ensayar, seguir componiendo y tocar todo lo que podamos”.
Cuatro años antes de la formación de las Pastillas, un grupo de amigos del secundario, Alejandro y Diego Kurz, Miguel Soifer y Pablo Spivak, se juntaron para tocar en un cumpleaños. Allí nacía lo que luego fue El Bordo, que toma su nombre por el vino Bordolino.
La popularidad no fue tan rápida en este caso; estuvieron algunos años tocando en pequeños bares y tratando de hacerse conocidos en giras por la costa Atlántica. Luego, con el agregado de Diego Kohon, tuvieron la oportunidad de presentarse con MAM (la banda de Omar Mollo) en el 2000 y de sacar su primer demo llamado, oportunamente, Paso a paso.
Se incorporaron Omar Tucci y Sebastián Notte y, junto con ellos, sacaron su primer y segundo disco, Carnaval de heridas y Un grito en el viento y pudieron compartir escenario con La Renga y Callejeros en el 2002. Tocaron en El Teatro de Flores con un marcado aumento en su público, pero el éxito llegó en el 2006, cuando llenaron el Estadio de Obras Sanitarias.
Ese mismo año sacaron su tercer disco, En la vereda de enfrente y en el 2007 presentaron Yacanto, tocando por primera vez en un estadio, - el de Ferro-. Volviendo al pasado, en 1995, Juan Rodríguez, Ariel Paladino, Emiliano de la Encarnación, Pablo Otero, Maximiliano Suppa y Carlos Quinteros decidieron formar Andando Descalzo. “Nos juntamos para no aburrirnos a la salida del colegio”, contó entre risas Rodríguez.
En estos trece años pudieron tocar con Aztecas Tupro, Las Manos de Fillipi, Villanos y Karamelo Santo, hicieron innumerables giras por la Costa Atlántica, por el interior del país y sacaron dos discos de forma independiente. “Trabajar independientemente es bastante complejo, hay muchas limitaciones en la difusión, fabricación, hay cosas que no se pueden hacer”, relató Rodríguez.
Con mayor o menor esfuerzo, lenta o rápidamente, cada grupo va haciendo su camino, un camino que sólo tiene un destino: llegar a la mayor cantidad de gente, transmitiendo su mensaje.

Entrevista: Osvaldo Rubén "Patota" Potente

Con ojos llenos de nostalgia, recuerda esos días en los que lo llamaban “Patota”. Osvaldo Rubén Potente, aunque no ganó campeonatos, fue uno de los grandes jugadores en la historia de Boca Juniors, en donde jugó desde el 71 hasta el 75 y, luego de un paso por Rosario Central, volvió en el 79 para retirarse un año después.
Potente prefiere no comparar el pasado con el presente, “hubo un cambio rotundo”, cuenta. “Por ejemplo, en el juego, me parece que ahora le dan más importancia a lo físico que a lo futbolístico. Es más agresivo, de muchos choques y roces que antes existían pero menos”.
Relata que hay más exigencia por parte de los técnicos, ya que “si en un campeonato corto pierden dos partidos, los echan, entonces el técnico exige que corran más. Antes, el que conducía el equipo era más conductor y más de hacer el juego que otra cosa”.
Se dio cuenta que, desde hace seis o siete años, los jugadores “se agarran, se abrazan, se sacan la camiseta” y el árbitro no lo cobra. “Me sorprende porque lo tienen que enseñar en las inferiores, entonces quiere decir que los jugadores aprenden de chicos que se debe jugar así”, comenta.
Hablando de cambios y contrastes, los contratos de los futbolistas crecieron a pasos agigantados. “El jugador ganaba para comprar su auto y un departamento de tres ambientes y ahora gana para comprarse tres autos y cuatro departamentos por año. Son pocos los jugadores de esa época que hayan quedado bien, tienen que trabajar de otra cosa”.
A veces, ni así alcanza. “Ayer me enteré que AFA le va a dar un subsidio a jugadores del mundial 78´, caso René Houseman, que no tienen un peso. Y han salido campeones del mundo. Ganaban para mantenerse uno o dos años”, relata.
A la hinchada también le llegó el cambio, en los 70` no se hablaba de barrabravas, “simplemente uno jugaba, la gente alentaba, no te exigían nada porque no había relación con ellos. No había violencia, o existía pero no se sabía porque ahora hay tanto periodismo que uno se entera de todo”.
Luego de viajar con la máquina del tiempo que lo llevó a los 70`, vuelve al 2007, y ya nada es igual, los futbolistas hacen publicidades y tienen contratos millonarios, la violencia lo llena todo y el fútbol se convirtió en una empresa que no entiende eso de “sentir la camiseta”.

Crítica de Cine: Kandahar

Desolación, desesperación, miedo, son las definiciones atribuibles a los territorios ubicados al sur de Afganistán, cerca de una ciudad llamada Kandahar. Entre un cielo celeste, un brillante sol -tapado ocasionalmente por nubes grises-, y un mar blanco de arena que parece extenderse hacia el infinito, se presentan las diferentes caras de una población atacada por el hambre, las enfermedades y las secuelas de una guerra ya pasada.
El paisaje desértico cambia abruptamente por una construcción hecha con ladrillos del mismo color que la tierra, y que nos invita a entrar. Es una escuela, pero no una tradicional. Una numerosa cantidad de niños tratan de entender y aprender el libro que tiene en frente, el Corán. Es la escuela de un maestro talibán, donde se enseña a pelear en pos del Islam.
Cerca de allí, se presenta lo más cruel de la guerra. Grandes y precarias carpas verdes con un signo rojo en forma de cruz grabado en sus paredes se erige para llevar un poco de calma. La calma de quienes van en busca, principalmente, de piernas ortopédicas, debido a fueron mutilados al explotar una de las miles de minas colocadas en la región.
Como la lluvia que cae para apaciguar un día caluroso, las piernas caen en paracaídas desde un avión hacia el asentamiento de la cruz roja. Son muchos los mutilados y la ayuda, poca. Los hombres corren, ayudados por muletas, para alcanzarlas. Es una carrera difícil y competitiva en busca de la recuperación de aquello que nunca debieron haber perdido.
Al mismo tiempo que ocurre estas escenas, familias enteras cruzan el desierto tratando de escapar. Al verlas, se evidencia una de las costumbres del Medio Oriente: la prevalencia del hombre sobre la mujer, que nos retrotrae hacia una época pasada y superada por los occidentales.
Las mujeres están tapadas totalmente por una burka, un velo que les cubre desde la cabeza hasta los pies, con aberturas a modo de colador para que puedan mirar, pero para no ser vistas. Verde, violeta, naranja, blanco para las novias y negro para las viudas, las burkas le dan color a la monótona vista.
Este es un escenario que nos muestra Kandahar, una película del director iraní Mohsen Makhmalbaf realizada en el 2001, que refleja una verdad dura, triste y atroz, en los años posteriores a la guerra con la Unión Soviética.

jueves, 7 de abril de 2011

Entrevista: Musicoterapia

Es un remedio que se ingiere por los oídos, recorre cada parte del cuerpo, reparando los problemas y curando los dolores. Así es la musicoterapia, una disciplina que combina el arte con la ciencia, la música con la psicología.

Según Johanna Scillone, estudiante de la Universidad de Buenos Aires (UBA), hay tantas definiciones como musicoterapeutas. “Desde mi perspectiva, es una terapia que debe trabajar interdisciplinariamente con otras, como la medicina, la psicología, la terapia ocupacional, la fonoaudiología y otras, como fuese necesario”, explicó.

Según la Federación Mundial de Musicoterapia, ésta es la utilización de la música y/o de sus elementos para facilitar la comunicación, el aprendizaje, la movilización y la expresión. Busca descubrir los potenciales y restituir las funciones para alcanzar una mejor organización intracorporal, con el fin de una mejor calidad de vida.

“Se toma la música desde cualquier punto de vista. Se puede escuchar, componer, crear, improvisar, jugar y cantar. Los instrumentos no se ven desde lo estético, no se tiene en cuenta lo bello o desagradable, sino que se intenta hacer llegar al cerebro estímulos para la relajación y anulación de la enfermedad”, informó Scillone.

Como cada persona es única, el tratamiento también debe serlo. Por eso, se trabaja a partir del vínculo que forman el paciente y el terapeuta, teniendo como mediadora a la música, con lo que se forma un proceso que es individual.

Teniendo en cuenta las diversas formas en que se puede utilizar esta técnica y su carácter personal, la musicoterapia se puede aplicar en diversas circunstancias: es para pacientes con capacidades especiales, con enfermedades mentales y físicas, en geriatría, con enfermos terminales, en ámbito social o educativo y, según Scillone, es útil para cualquier persona que la quiera experimentar.

A pesar de no tener amplia difusión, la musicoterapia ya tiene 77 años. Se comenzó a utilizar en 1930 en la ciudad estadounidense de Nueva York, cuando se comprobaron científicamente los resultados positivos que generaba.

En Argentina, se enseña desde 1967 gracias a uno de los pioneros, el Doctor Rolando Benenzon, quien la pudo incluir en la Facultad de Medicina de la UBA y en la Universidad del Salvador (USAL), aunque todavía no tiene total reconocimiento por parte de la legislación del país.

La Asociación Argentina de Musicoterapia (ASAM), junto con la UBA, la USAL, la Asociación de Musicoterapeutas de la República Argentina (AMURA) y la Asociación de Musicoterapeutas de la Ciudad de Buenos Aires (AMDEBA), presentó en octubre de 2006 un proyecto de ley para legalizar la práctica, que ya tiene media sanción en la cámara de diputados de la Nación.

Sin embargo, poco a poco se está haciendo conocer. Desde el último octubre, en San Luis se lleva a cabo el proyecto gratuito “La musicoterapia para los niños y sus familias”, que tiene el objetivo de prevención, protección y promoción de la salud de los chicos.

Además, se realizan proyectos desde la ASAM y se practica en los hospitales “Dr. Ricardo Gutiérrez”, José T. Borda, Ignacio Pirovano, Dr. Pedro Elizalde, entre otros y en clínicas privadas y consultorios particulares.

jueves, 31 de marzo de 2011

Opiniones: tránsito en Buenos Aires

Transitar por la Ciudad de Buenos Aires en los últimos tiempos resulta una hazaña traumática. María Ramos, militante del Partido Obrero de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA; Horacio Ortiz, taxista de la ciudad y Luis Ernesto, colectivero de la línea 5, concuerdan en que las medidas que hasta ahora se implementaron no lograron solucionar el problema del tránsito.

“Estaría bueno que la gente camine más, que no este tan estresada y que la vida sea tomada con más tranquilidad”, reflexiona María. El colectivero ejemplifica: “Hace 15 años atrás la ciudad no era así, mi recorrido duraba 2 horas, hoy me lo extendieron a 3 y aún así no llego a horario”.

Desde 1993 los carriles exclusivos para taxis y colectivos funcionan solo en 4 avenidas céntricas. El Gobierno porteño intenta limitar la circulación de taxis desocupados por estas vías.

“Es una buena iniciativa ya que puede agilizar más el tránsito. El principal perjuicio -opina Horacio, que todos los días circula por la ciudad- es que, en las avenidas con carriles exclusivos, los taxis tendrán que levantar los pasajeros por la izquierda”. Luis sostiene el proyecto oficial, mientras que la militante denuncia que “las políticas de tránsito de Mauricio Macri no solucionan el problema estructural”.

Al millón y medio de vehículos que entran diariamente a la ciudad se le suma un nuevo problema: los cortes de calle. “La libertad que tienen los manifestantes para protestar termina donde empieza la mía para circular”, considera el taxista. La entrevistada se excusa: “Los problemas de tránsito de la ciudad son generados por causas de fondo como las de infraestructura. Yo no me siento responsable por el caos porteño”. El colectivero se queja de que los manifestantes perjudican mucho su trabajo y recuerda: “El día de la marcha docente hice cinco cuadras en 45 minutos. La empresa no contempla las horas extras que trabajamos por culpa de los cortes”.

Las propuestas de solución varían de acuerdo al entrevistado. Luis sentencia: “No existe una solución porque el argentino no está acostumbrado a respetar las leyes de tránsito”. Horacio, que tiene una visión más optimista, propone “prolongar las líneas de subte, soterrar los trenes y que los autos particulares no ingresen en el área del micro y macro centro en determinadas horas”. María piensa en medidas más abarcativas. “Falta mucho en educación vial”, lamenta la militante. Y agrega: “Se debe incentivar formas de transporte menos contaminantes como las bicicletas, la caminata y sanear los medios de transporte público. Pero, falta mucha voluntad política para diseñarlas”.

Entrevista: Tamara Di Tella

Al completar doce años de estudio en Ciencia Política en Inglaterra y Estados Unidos, Tamara Chichilnisky, más conocida por su apellido de casada –Di Tella-, decidió convertirse en empresaria y fue la primera que instauró el Spa y el Método Pilates en Argentina. Actualmente, se dedica a difundir su nuevo producto, el Método Tamara Di Tella -o Tangolates-, por Europa, Asia y Norteamérica.
¿Cómo te diste cuenta de que no te interesaba la política?Pasó cuando me casé con Torcuato di Tella y me di cuenta de que no había posibilidad de ser nadie bajo su sombra y pensé que me convenía hacer otra cosa. Eso fue en la época en que nacieron los chicos –Carolina y Sebastián-. Cuando fueron más grandes decidí volver a trabajar, pero no quería volver al mundo académico y ahí fue que me volqué a la empresa.
¿Cómo surgió la idea de instalar el Spa, un producto desconocido en Argentina?Estaba buscando qué hacer empresarialmente y tenía una cosa en mente: no quería hacer lo que hacen todos. No quería ser una más, quería hacer algo diferente. Empecé a pensar, lo que me llevó mucho tiempo, y me di cuenta de que lo que no había en Argentina era el Spa. Es decir, el concepto de internación diurna no existía.
¿Por qué fue tan exitoso?Primero fue muy criticado, es así siempre, y después empezaron a copiarlo. Cuando salió por todos lados, o sea, cuando empezó a vulgarizarse, que es lo pasa cuando se copian, decidí irme. Diez años más tarde, encontré otra cosa que tampoco existía en el país, que es el Pilates. Con este método pasó lo mismo, lo puse de moda, porque eventualmente yo los pongo de moda.
¿Ahí fue cuando surgió el Tangolates?Claro, ahí cambié otra vez y finalmente aprendí: hice un método y un aparato nuevo que lleva mi nombre y además está registrado como mío propio. Eso es lo que más creció y llegó a Estados Unidos, Europa y Asia.
Teniendo en cuenta la novedad de los productos, ¿alguna vez pensaste que no iban a ser bien recibidos por la sociedad?No. Cuando hago una cosa estoy absolutamente convencida. Es una cosa como que me golpea y me da una cachetada en la cara.
¿Cómo se fueron esparciendo los productos, hasta llegar a hacerse masivos?Con Spa porque no había internet, por eso se extendió sólo en el país. Con Pilates, hice mi sitio web que vio el mundo y ahí es que yo me extendí por toda Latinoamérica (Argentina, Perú, Guatemala, Paraguay, Colombia, México). El Tangolates también se consolidó en internet. Yo soy un milagro de internet; en realidad Tamara Di Tella no existe, soy un producto de Google.
En una entrevista dijiste que en lo que se refiere al trabajo sos parecida a los hombres, ¿en qué sentido esto es así?Yo no soy una mujer típica. Si se le pregunta a una empresaria si está primero el trabajo o la familia, elige la familia. Para mí, entre el trabajo y la familia, por supuesto, primero viene el trabajo.
Teniendo en cuenta el tema de tu libro El cliente nunca tiene razón, ¿cómo se puede triunfar sin pensar en el consumidor?Si todos pensaran en el consumidor, nadie hubiera hecho nada. Hay que hacer lo que sentimos, creemos y sabemos y, luego, el cliente nos sigue. El rol del empresario es saber dónde está el mercado, cuáles son las posibilidades de nuevos productos, líneas, tecnologías, novedades, innovaciones constantes. El que no innova no es un empresario, es un empleado.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?Quiero llegar a Asia con Tangolates, crecer por el mundo. Quiero continuar y simplificar todos los errores que hice al principio de un crecimiento rápido, que es lo peor que le puede pasar a un empresario, porque no se puede crecer más rápido de lo que te dé tu infraestructura.