Al completar doce años de estudio en Ciencia Política en Inglaterra y Estados Unidos, Tamara Chichilnisky, más conocida por su apellido de casada –Di Tella-, decidió convertirse en empresaria y fue la primera que instauró el Spa y el Método Pilates en Argentina. Actualmente, se dedica a difundir su nuevo producto, el Método Tamara Di Tella -o Tangolates-, por Europa, Asia y Norteamérica.
¿Cómo te diste cuenta de que no te interesaba la política?Pasó cuando me casé con Torcuato di Tella y me di cuenta de que no había posibilidad de ser nadie bajo su sombra y pensé que me convenía hacer otra cosa. Eso fue en la época en que nacieron los chicos –Carolina y Sebastián-. Cuando fueron más grandes decidí volver a trabajar, pero no quería volver al mundo académico y ahí fue que me volqué a la empresa.
¿Cómo surgió la idea de instalar el Spa, un producto desconocido en Argentina?Estaba buscando qué hacer empresarialmente y tenía una cosa en mente: no quería hacer lo que hacen todos. No quería ser una más, quería hacer algo diferente. Empecé a pensar, lo que me llevó mucho tiempo, y me di cuenta de que lo que no había en Argentina era el Spa. Es decir, el concepto de internación diurna no existía.
¿Por qué fue tan exitoso?Primero fue muy criticado, es así siempre, y después empezaron a copiarlo. Cuando salió por todos lados, o sea, cuando empezó a vulgarizarse, que es lo pasa cuando se copian, decidí irme. Diez años más tarde, encontré otra cosa que tampoco existía en el país, que es el Pilates. Con este método pasó lo mismo, lo puse de moda, porque eventualmente yo los pongo de moda.
¿Ahí fue cuando surgió el Tangolates?Claro, ahí cambié otra vez y finalmente aprendí: hice un método y un aparato nuevo que lleva mi nombre y además está registrado como mío propio. Eso es lo que más creció y llegó a Estados Unidos, Europa y Asia.
Teniendo en cuenta la novedad de los productos, ¿alguna vez pensaste que no iban a ser bien recibidos por la sociedad?No. Cuando hago una cosa estoy absolutamente convencida. Es una cosa como que me golpea y me da una cachetada en la cara.
¿Cómo se fueron esparciendo los productos, hasta llegar a hacerse masivos?Con Spa porque no había internet, por eso se extendió sólo en el país. Con Pilates, hice mi sitio web que vio el mundo y ahí es que yo me extendí por toda Latinoamérica (Argentina, Perú, Guatemala, Paraguay, Colombia, México). El Tangolates también se consolidó en internet. Yo soy un milagro de internet; en realidad Tamara Di Tella no existe, soy un producto de Google.
En una entrevista dijiste que en lo que se refiere al trabajo sos parecida a los hombres, ¿en qué sentido esto es así?Yo no soy una mujer típica. Si se le pregunta a una empresaria si está primero el trabajo o la familia, elige la familia. Para mí, entre el trabajo y la familia, por supuesto, primero viene el trabajo.
Teniendo en cuenta el tema de tu libro El cliente nunca tiene razón, ¿cómo se puede triunfar sin pensar en el consumidor?Si todos pensaran en el consumidor, nadie hubiera hecho nada. Hay que hacer lo que sentimos, creemos y sabemos y, luego, el cliente nos sigue. El rol del empresario es saber dónde está el mercado, cuáles son las posibilidades de nuevos productos, líneas, tecnologías, novedades, innovaciones constantes. El que no innova no es un empresario, es un empleado.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?Quiero llegar a Asia con Tangolates, crecer por el mundo. Quiero continuar y simplificar todos los errores que hice al principio de un crecimiento rápido, que es lo peor que le puede pasar a un empresario, porque no se puede crecer más rápido de lo que te dé tu infraestructura.
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